Serie de 3 capítulos — El inicio, la rendición y el nuevo inicio — de reflexión sobre lo incómodo y confuso que me ha sido —y a veces sigue siendo— crecer.
Estoy exactamente a siete días de cumplir 28 años. Me encuentro emocionada, feliz y totalmente agradecida por llegar a esta edad y haberme rendido ante la batalla interna conmigo misma que comenzó hace cinco años.
Conflicto que, para serles honesta, no se ha ido del todo.Pero definitivamente cada vez hace mucho menos ruido en mi cabeza.
Cuando me gradué de la universidad realmente no tenía expectativas ni pasos claros para comenzar a andar por mi cuenta. No me provocaba conflicto no tener esa claridad.Siempre he sido una persona tranquila y confiada; de andar y resolver en el camino, sea cual sea el recorrido.
Tristemente, salir al mundo fue toparme con que ser así no era del todo “funcional”.
Mi padre, de niña, siempre me decía:“Tú dedícate a lo que te haga feliz, lo demás (el dinero) vendrá por sí solo”.
—¡Súper, sí! Haré lo que me hace feliz. Pero... ¿qué realmente me hace feliz?
—Soy diseñadora y sé que soy buena diseñadora, pero también sé que mi alma no se regocija en ese ámbito.
—Okay, entonces sabiendo eso, ¿qué harás, primeriza adulta Leslie?
—Me gustaría darme un tiempo para ver cómo funciona el mundo.
—Okay, pero tus círculos sociales ya están trabajando, hablando de cuánto ganan, de qué prestaciones tienen…
—¡Carajo, no! Entonces ya buscaré trabajo. ¡Branding! En la universidad dije que quería hacer branding.
—Okay, pero tienes que mandar tu portafolio que demuestre que tienes cierta experiencia, y mandarlo diario para encontrar algo pronto.
—Ya armé un lindo portafolio. Llegará.
—¡Ya debes conseguir trabajo! ¿Qué estás haciendo con tu vida?
—¡Puta madre, me gradué hace cinco meses!
—Ya conseguiste trabajo, pero solo es de medio tiempo y no ganas tanto.
—6 a.m. Cocón, ¿puedes venir por mí? Me metí M con el saliente francés de una amiga y con mi amiga; ahora los dos se están paleteando y yo me empecé a paletear. Por cierto, terminé de after con uno de The Wookies. Ayuda.
—¿Qué estás haciendo con tu vida?
—Trabajar, mierda, trabajar.
Ahí empezó la batalla.
La batalla entre lo que yo quería hacer —o no hacer— para descubrir qué me hace realmente feliz, y lo que debía hacer para que el exterior creyera que empezaba a hacer las cosas bien.
Jodido.
No me gustó lo que conllevaba haber empezado la vida adulta.
No porque me considerara incapaz, sino porque empecé a escuchar menos de sueños y anhelos, y más de metas financieras y puestos con nombres mamones a los que, según, debía aspirar.
Entonces, ¿en qué momento descubro lo que realmente me hace feliz?
Las presiones y voces de afuera, esas que estandarizaban los pasos y tiempos que supuestamente debía manejar, me jodieron. Fui moviéndome de trabajo en trabajo para “ser alguien mejor”… mentira, solo para ganar más dinero y para tener un mejor puesto.
En esos cinco años —que agradezco hayan sido solo eso, un breve periodo de tiempo— me di cuenta de que podría seguir en ese ritmo, pero que hacerlo sería como enterrar mi alma creativa en vida.
Y darme la espalda.
Hermosa filosofía, papá.
Gracias por inculcármela.
Pero qué lástima que sea tan pinche difícil sobreponer tu felicidad ante los estándares sociales que deben reflejar un supuesto “éxito”.
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