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Los macabros 27 - La rendición

Foto del escritor: Leslie Piñón
Leslie Piñón
21 oct 2025
2 min de lectura

Actualizado: 16 jul

Durante mucho tiempo intenté hacer las cosas “bien”, hasta que entendí que esa búsqueda solo me alejaba de mí. Esta rendición es una forma distinta de estar en el mundo, más ligera, más mía.

Oh, los 27.
Los macabros veintisiete.

Claro que existe un club de famosos que mueren o se suicidan a esa edad. Ahora que los he vivido, no me sorprende en lo absoluto (aclaremos que soy una mujer bastante emocional).

De los 25 a la mitad de mis 27 fueron años catárticos y horriblemente sanadores. Digamos que fueron los años donde dejé salir —o más bien, reconocí— a los demonios que se habían hecho presentes a mis 23. No tuve de otra más que hacer mi chamba de deconstrucción y rendición entre música, psicólogas, tarotistas, psicodélicos, doctores, chamanes, brujas, road trips, etcétera, etcétera.

Porque si no lo hacía, digamos que las puertas de ese club me hubieran hecho ojitos.

Fue una chambota.


Hace unos días lo hablaba con mi terapeuta: qué difícil es vivir en autenticidad en un mundo donde, si no haces lo que la mayoría hace porque es “lo correcto”, en automático estás mal, o eres “rara”.
Mi rendición está en aceptar —ante los ojos ajenos— que soy singular, que no hago “lo correcto” y que, de hecho, siempre he sido así.

Desde niña se me etiquetó como curiosa, rara, diferente (inserte aquí todos los sinónimos o lo que se le parezca).
Lo lindo —y que admiro mucho de mi niña— es que ella siempre lo tomó como un halago:
“Gracias, qué aburrido ser como todos los demás.”

Hoy me disculpo con ella, porque al crecer le di la espalda a eso que en esencia soy: rebelde y genuina.
Y no lo digo desde un ego inflado, sino desde una verdad que abrazo después de haberme desconectado de mí.
Me quedo con eso.
Y también con el velorio de muchos egos que tuve que matar (o madurar) para que mi rebeldía no se saliera de control.

Mi rendición también está en aceptar que no voy a cambiar este mundo, ni cómo se maneja.
Y que el mundo no se va a adaptar a mí.

No voy a dejar de trabajar —de hecho, hoy estoy en un trabajo que disfruto mucho, con personas creativas y auténticas. Veo un nuevo mundo a través de sus ojos y lo agradezco—. Además, me da la libertad de ser yo e ir encaminando lo que mi alma quiere crear. No sé aún qué sea, pero estoy averiguándolo.

Porque pelearme con LA gran estructura solo me llevaría a atormentarme.
Así que me rindo.
Abro las puertas con gracia.
Acepto con gracia.
Camino con gracia.
Confío.
 
 
 

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